lunes, 29 de diciembre de 2008

No (Novena sesión)


"Dama pequeñísima
moradora en el corazón de un pájaro
sale al alba a pronunciar una sílaba
NO"


Alejandra Pizarnik


- ¿Y por qué no lo dejaste terminar de hablar?
- Porque me dio miedo.
- ¿el qué?
- Su mucho miedo.

Tanto tiempo para hacer algo parecido a un duelo. Tanto destrozo con fines integradores: hermanarme en desgracia con mi vieja, con mi viejo, huir de la mediocridad, romper una lanza por lo épico. Y así nos fue a todos.

Tratar de salvar algo de amistad. Amasarla como una bolita de plasticina, hasta que se nos hiciera maleable y no nos doliera más. Tanta lluvia para entender que de todos modos eras tú un pedacito de sol, era yo una briznita de lavanda.

Tanto amor y tanta tanta muerte. Hasta enterrarse, con epitafio y todo, y saberse zombie, y salir del infierno y del purgatorio, y nacer a patadas, llorando, y crecer y estar acá, viva al fin, viva y sonriente. ¿Cree que debería correr otra vez todo ese riesgo?

Creo que deberías dejarlo hablar, dice. ¿Y si me dice algo que no quiero oír? Peor: ¿y si me dice algo que quiero oír?

Jugamos a los roles. Jugamos a que lo oigo. Y luego, cuando de verdad lo oigo, es mucho peor. ¿De qué sirve ahora tanta claridad, cuando tu miedo es el mismo, y sigo aterrándote como una cápsula de estricnina? Pides noche y sueño, pides boca y beso. Parece tan fácil.

Apretar un gatillo también es fácil. El desparramo es lo que jode.

Me oigo decir NO. Y en esa negación que me cuida, me reconozco.

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"¿Qué es un hombre rebelde? Un hombre que dice no. Pero negar no es renunciar: es también un hombre que dice sí desde su primer movimiento.

(. . .)


¿Cuál es el contenido de ese “no”? Significa, por ejemplo, “las cosas han durado ya demasiado”, “hasta ahora sí, en adelante no”, “van demasiado lejos”, y también “hay un límite que no rebasarás”. En suma, ese “no” afirma la existencia de una frontera."

Albert Camus, El hombre rebelde.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Cuerpo (Sexta sesión)


Una figurita de arcilla. "Hazte", dice, y yo toco la greda húmeda, la siento bajo mis uñas, en mis palmas. Entonces comienzo, sin abrir los ojos, a trazarla. A trazarme: una muñequita de arcilla que será yo. La cabeza es lo primero, la moldeo hacia abajo. Cuando está lista puedo abrir los ojos.

He decidido no hacerle brazos.

Es mi cuerpo, fuera de mí. Alterado por mí, desde un imaginario castigador. Un cuerpo funcional, no amado. Un cuerpo que ni abraza ni se abraza. Indemne.

Hablo con la figurita, y hay tanta violencia en lo que digo, que la psi hace pucheros y la acariña. Cuerpito magullado y solo, nanai.

Cuerpo damnificado de mis vacíos, instrumentalizado. Cuerpo pasaporte y ajenidad. Cuerpo refugio. Cuerpo delator.

Dejo la figura en su sitio y cuando llego a casa, enciendo la música. Decido que hable y regalarle mi silencio. Subo el volumen.

Y rompo a bailar.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

El nido y la roca (Cuarta sesión)


Jugamos a que me apoyo en una roca. Soy un ser blando apoyado en una roca. Y la roca. Desde esa certeza, me dejo sentir. Por fin.

Al cabo, he usado ¡y con qué intensidad! los kleenex de los que tanto renegué.

No era yo la que lloraba: era el pequeño molusco con caparazón, parapetado en un sitio para descansar, desde donde no se lo lleva la ola.

Lloro, en ese mar, mis orfandades, la rabia enterrada de que no estuvieras ahí para contenerme cuando era verdaderamente pequeña y lo requerí.

Lloro la rabia de amarte más que a nada en este puto planeta, siempre haciéndome cargo de tus dolores y escondiendo los míos para amarte mejor, y que no te fueras, que no me abandonaras, que me guardaras junto a ti.

Lloro mi miedo.

Lloro la copa que quebramos tan temprano, mujer, lloro las canciones con que no me acunaste en el pánico, lloro este océano profundo y sus trampas, lloro queriéndote siempre más que a mí.
Lloro y te encuentro acá adentro, doliéndome, riéndome, te encuentro tanto, toda en mí, diseminada y confundida, hermosa, indispensable, inconsciente, pequeña y frágil, amor de mi vida, madre morena, nidito roto, niña trizada que no dejo de mecer.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Plagio (Tercera sesión)


"Oíme, cariño. Sos linda, me contenés, me ayudás. Te valoro tanto.
Pero ese libro ya lo tengo".

Eso dice la psi cuando juega a que es G. Yo me río a morir, aunque cuando te regalé el libro más especial del mundo y me dijiste que lo tenías me sentí podrida.

"Te dije que no fueras tan inteligente. Te lo dije. Te dije 'hazte la tonta', y no me escuchaste". Me parece estarte oyendo, tan quebrado y tan cobarde, tan lindo y conmovedor, tan mezquino, tan asustado, tan huyendo sin fin.

Le digo a la psi que me robaste todas las palabras. Y que me robas las ideas, y te las pones, y hasta haces que huelan a ti. Que al fin te las daría todas, y cómo me castigaste por pedirte de vuelta un poquitito así.

Que nunca volviste para comentar mi cuento.

Ella me mira y me dice que las sincronías son increíbles y lo mucho que le recuerdo a Camille Claudel.